viernes, 9 de noviembre de 2007

DE MERCADILLO





La vida de una ciudad podría medirse por la cantidad y la calidad de sus mercadillos, y el carácter de sus gentes por la actitud de los vendedores. Como apuntó ayer un amigo, en los países mediterráneos como Egipto o incluso Italia, los tenderos te buscan, te acosan, te persiguen, alaban con insistencia la calidad de sus productos, se esfuerzan por convencer, celebran escrupulosamente el milenario ritual del regateo, aunque el turista cansado ya pagaría lo que fuera con tal de que le dejasen en paz y acaba comprando por agotamiento. En España te llaman, Maríiíía, tré braguitá 5 euros, que se acaban, que se acaban, Maríííiiiaaaa......En Brasil, sin embargo, los vendedores son como el resto del país.....trancuiiiiiilos.....bailando a ritmo de samba, esa música que te persigue allí donde vayas, o sentados tomándose una cerveijinha, ni se inmutan cuando te acercas a su puesto a interesarte por sus mercancías; como si no quisieran vender, o más bien como si les diese igual y su cerveza y su propia pachorra fueran más importantes que la venta. Lo primordial es pasarlo bien, estar trancuiiiiilo y disfrutar del día; lo de hacer negocio ya es un tema secundario.....Eso sí, son extraordinariamente amables, te dan conversación (pero por placer, no para vender), todos te preguntan cómo te llamas y el otro día hasta me invitaban a sushi. Y terminas comprando porque te abruma tanta amabilidad.
En cuanto a mercancías, hay mercadillos de todo tipo, desde ésos cutres pero imprescindibles donde adquirir las cosas más variopintas y necesarias como pilas, trapos de cocina, calcetines o llaveros, a aquéllos que son un lujo que da gusto recorrer, investigar, admirar, en los que rebuscar a la caza de ese objeto único e inesperado es un auténtico placer. Otros, como el japonés, un clásico del domingo, con sus puestos de comida y viejillos japoneses milenarios (como el de la foto) que escriben tu nombre en símbolos.
Las calles se llenan de vida, de gentes pintorescas como el hombre que parece que está tocando el organillo ante esa niña embelesada que en realidad mira al loro que hay dentro de la cajita, de paseantes, de sorprendentes horteradas como la Barbie-sevillana de la foto (en Brasil¡¡¡¡), de cosas de lo más inútil (y escatológico) vendidas con tanta gracia que hasta te lo piensas....
Todo un mundo.

3 comentarios:

Sahoyo dijo...

Tu mejor fotografía: la niña mirando al loro. Es una instantanea muy buena.Se nota que tuviste buen maestro en quien reflejarte.

marta dijo...

la verdad es q si q tenian buena pinta las merdas, muy conseguidas y con esa promoçao como para resistirse, jajaja, q bueno. si q son listos los brasileiros estos.

besitos de martita bilbadina

Javier dijo...

Me encanta la foto del hombre tocando el organillo y la niña mirándolo.
Muy buena!!