lunes, 29 de octubre de 2007

SAO PAULO

Soy una chica de asfalto. Me gustan las ciudades, cuanto más grandes mejor, porque busques lo que busques, lo encuentras: teatro, cine, conciertos, bares... Altos y bajos, pijos y poperos, feos y guapos, gentes de todas partes, jóvenes, viejos....hay de todo y para todos. El caos, los coches, las luces, el barullo, la gente, todo eso me hace sentir viva y con ganas de hacer cosas. En definitiva, soy una urbanita. O eso creía.

Nunca me había enfrentado a una megaciudad como ésta. Más de 12 millones de personas compartiendo las mismas calles, tiendas y autobuses, el mismo cielo gris, el mismo asfalto interminable, una realidad diferente a la de cualquier otro lugar. Si hiciera caso de mi (limitada) experiencia, me atrevería a afirmar que todas las grandes ciudades sudamericanas son horrorosas. Quizá sea porque aquí la improvisación que caracteriza la vida cotidiana ha construido ciudades simplemente acumulando edificios sin orden ni concierto, mazacotes grises de 40 pisos junto a pequeñas y desvencijadas casitas bajas y enfrente de favelas de madera, uralita y basuras; la palabra urbanismo carece de significado. O quizá sea porque aquí la pobreza es tan evidente que no puede esconderse, y se ve a la vuelta de cada esquina. O quizá porque hasta lo más rico es gris, cutre; mires donde mires, todo es ciudad, y el skyline parece el de una Nueva York de segunda. Supongo que Sao Paulo tiene problemas más acuciantes como para que sus habitantes reparen en la nube de contaminación que cubre sus cabezas, en el humo que tragan todos los días o en la cantidad de basura que inunda su pequeño río; río por decir algo, porque es más estrecho que el Pisuerga (que ya es decir), el agua apenas corre y despide un olor similar al de un vertedero.

Para intentar disminuir la polución (en la medida de lo posible, dada la cantidad de gente que vive aquí) el ayuntamiento ha tomado medidas como prohibir a los coches circular ciertos días, según su número de matrícula (por ejemplo si acaba en dos, no pueden salir ni martes ni jueves). Da igual. No es que haya atascos, es que la ciudad es toda ella un atasco; la duda es si tu taxi va a moverse cada tres minutos o si simplemente no va a avanzar. Lo bueno de los taxis es que no son excesivamente caros, se puede fumar dentro y en principio es la manera más rápida de llegar a los sitios; lo malo es que si vas en taxi en todas partes te acabas gastando una pasta, como se meta en un atasco la has cagado y como además el taxista te vea cara de guiri lo fácil es que te lleve a Cádiz pasando por Santander. Y del transporte público ni hablamos. En una ciudad tan enorme, no tienen planos ni listas con las líneas de autobús; y si tienes suerte y aciertas con el que quieres coger, es imposible calcular cuándo vas a llegar. Para ir al cine, he llegado a pasarme una hora y media en un autobús urbano, o sea, un Valladolid – Salamanca para ver una peli; y no es que tuviera mala suerte con el tráfico, es que es lo normal. ¡Y yo que me quejaba de las distancias en Madrid¡ Todo esto de pie, con unos frenazos que flipas y aplasturriada por más gente de la que debería caber en el bus en cuestión. El metro está algo mejor, aunque también hay que entrar a empujones porque si no no cabes y además tienes que estar bien atento y cerca de la puerta en tu parada, porque eso de que antes de entrar se deja salir aquí no se lo han enseñado. La otra opción de transporte, la de los ricos riquísimos, es el helicóptero (Sao Paulo es la segunda ciudad del mundo con más tráfico de helicópteros) y obviamente está fuera de mi alcance.

Otra consecuencia de las grandes distancias es que cuando sales de casa, no sabes cuándo vas a volver; enganchas un plan con otro y no vale eso de me voy a casa, me doy una ducha y vuelvo a salir, porque es materialmente imposible que te de tiempo. Así que me paso el día fuera de casa, ayer por ejemplo de 2 de la tarde a 2 de la mañana; yo pensaba que era por eso de que acabo de llegar y me apunto a un bombardeo, pero la gente que lleva un año viviendo aquí ya me ha dicho que no es una cosa temporal, que va a ser así siempre.

A pesar de todo, y aunque parezca increíble, Sao Paulo tiene su punto; un amigo lo llama “fuerza estética”, yo me conformo con haberle encontrado cierto encanto, y hasta me está empezando a gustar. Por ejemplo mi barrio me encanta, es muy agradable, con sus casitas bajas, sus tiendas de ultramarinos, restaurantes muy bien decorados, bares, casas de samba, mercados y muchas actividades culturales; cuando salgo de fiesta puedo volver andando a casa, y eso se agradece especialmente en un sitio como éste. La ciudad en general tiene una oferta de ocio muy amplia (gracias a Dios) y efectivamente, puedes encontrar cualquier cosa que busques.
Me imagino que con esta descripción habré disuadido a mis ya de por sí escasas potenciales visitas ;-P De todos modos supongo que con 11 meses por delante y casi toda la ciudad aún por descubrir, mi opinión al respecto cambiará y dejará de ser objetiva, porque durante un año Sao Paulo va a ser mi hogar y ya no me parecerá bonita o fea; estará asociada a mis recuerdos y la habré hecho mía. De momento me estoy adaptando sorprendentemente bien, y ahora ya empiezo a reconocer muchas calles (no os riáis, que no es tan fácil) y me voy orientando, y cada vez me siento más integrada en la ciudad. De todos modos, y ya puestos a cruzar el charco, recomendaría a quien quiera visitarme que nos veamos en Río ;-P que tiene mucho más que ver y es más agradable....aunque, por supuesto, si después de todo lo dicho alguien quiere conocer la cuarta ciudad más grande del mundo, en mi casa tiene un hueco.

5 comentarios:

Marta dijo...

Tienes una hermana un poco ñoña, ya me conoces, así que supongo que no te sorprenderá nada saber que me ha emocionado tu blog. Porque es tuyo, porque te echo de menos y porque quién me iba a contar a mí que tengo una Shakespeare en la familia.
Parece mentira que seamos hermanas desde hace tanto y que cada vez que pasamos tiempo juntas, descubro algo de tí que me sorprende. Echémosle la culpa a la diferencia de edad...
A visitarte al Brasil iría hasta nadando. Tu entrada más que disuadirme, me ha provocado curiosidad.
Seguro que si la veo contigo, Sao Paulo me parece bonita... porque ya se sabe que la belleza está en los ojos del que mira...

Alberto dijo...

Lo único que recuerdo de Sao Paulo es el color gris. Grises eran las inmensas casas, las favelas, las autopistas construidas en alto y el ambiente, hasta gris era la gente con la que tuvimos que esperar en una borracharia mientras arreglaban la rueda de nuestro taxi.

Pero en cuanto tengas unos días no lo dudes, llega el verano por allí y el tiempo es maravilloso mas al norte y mas al sur. Sao Paulo es como el purgatorio de Brasil. Sal de allí, Floripa te llama. Diselo a Alvaro... seguro que estará encantado de acompañarte. Y por supuesto una vez allí, Pantano do Sul.

Un besazo Cris!!!

Javier dijo...

Me ha encantado esta entrada. Sigue haciendo mil cosas, saliendo hasta las tantas y contandonoslo!! Y cuelga fotos, que será una alegría verte.

Unbeso

Jav

nuri dijo...

heyy!! q el pisuerga no es tan pequeñito!!! :PP a pesar de todo lo que comentas, me parece q la ciudad tiene cierto encanto (sobre todo tu barrio..). seguro q en poco tiempo estás tan adaptada q cuando vuelvas a nuestro pequeño pueblo de menos de medio millón de habitantes, sin gente bailando por la calle, horarios de autobús, frío y personas frías, taxis caros, etc. todo te parecerá un rollo. weno, q digas disfrutano:))
yo de momento te avanzo q la proposición de carnavales me llamó la atención, tengo q pensarlo pero quizás use parte de mis vacaciones para ir a veros. un besito

ana pekeñuki dijo...

Cris reina, no te dejes vencer por la melancolía q nos atrapa a veces cuando estamos lejos... Sigue siendo como tú eres, desbordando alegría, entusiasmo y curiosidad por todo el nuevo mundo que descubres, porque se agradece muchísimo que aún nos quede gente así cerca de nosotros, te lo aseguro.
Y si aun así te atrapa, mejor ponte delante del PC y escribe sobre ello. Ya has demostrado que eres capaz de hacer cosas líricas y preciosas, casi sin proponértelo... Nunca se sabe lo que vas a descubrir en cada nuevo viaje!!
Te echo muchísimo de menos, (aunque incluso en España nos veamos tan poco).
Un abrazo enorme